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13/8/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 9


En la Santa Iglesia Católica.


112. Así como en cada hombre hay un alma y un cuerpo, y sin embargo son diversos sus miembros, así la Iglesia Católica es un solo cuerpo y tiene diversos miembros. Ahora bien, el alma que vivifica el cuerpo de la Iglesia es el Espíritu Santo. Y por eso después de manifestar nuestra fe en el Espíritu Santo, se nos manda creer en la santa Iglesia Católica. Por lo cual se agrega en el Símbolo: "en la Santa Iglesia Católica".

113. Hay que saber que la palabra "iglesia" significa "asamblea". Por lo cual la Santa Iglesia es lo mismo que la asamblea de los fieles, y cada cristiano es como un miembro de esta Iglesia, de la que se dice en la Escritura: Acercaos a mí, ignorantes, y congregaos en la casa de la enseñanza (Eccli. 51, 31).

Esta Santa Iglesia tiene CUATRO cualidades: es UNA, es SANTA, es CATÓLICA, es decir, universal, y es FUERTE y FIRME.

114. A) En PRIMER lugar, la Iglesia es UNA.

A este respecto hay que saber que, aunque diversos herejes han inventado sectas diferentes, no pertenecen sin embargo a la Iglesia, porque están divididos en partes; en cambio la Iglesia es UNA. Lo dice el Cantar: Única es mi paloma, mi perfecta (6, 8).

Ahora bien, TRES son las causas que concurren a la unidad de la Iglesia.

22/7/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 8


Creo en el Espíritu Santo.


99. Como ya se dijo, el Verbo de Dios es el Hijo de Dios, así como el verbo del hombre es una concepción de su inteligencia. Pero a veces sucede que el verbo del hombre es un verbo muerto, como cuando el hombre piensa lo que debe hacer, pero sin tener la voluntad realizarlo; y de manera semejante, cuando el hombre tiene fe pero no obra, se dice que su fe está muerta, según leemos en Santiago: Así como el cuerpo sin alma está muerto, así la fe sin obras está muerta (2, 26). En cambio el Verbo de Dios es siempre vivo, como se lee en la Epístola a los Hebreos: Ciertamente, es viva la palabra de Dios (4, 12); por lo cual necesariamente Dios tiene en sí voluntad y amor. San Agustín así lo afirma en su obra sobre la Santísima Trinidad: "El Verbo del que tratamos de dar una idea es un conocimiento acompañado de amor". Pues bien, así como el Verbo de Dios es el Hijo de Dios, así el Amor de Dios es el Espíritu Santo. De donde se sigue que el hombre posee al Espíritu Santo cuando ama a Dios. Escribe el Apóstol a los Romanos: El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (5, 5).
   
100. Hubo algunos cuya doctrina sobre el Espíritu Santo fue completamente errónea. Afirmaban, en efecto, que el Espíritu Santo era una creatura, que era inferior al Padre y al Hijo, y que era esclavo y servidor de Dios. 

Para refutar tales errores, los Padres agregaron en otro Símbolo CINCO expresiones relativas al Espíritu Santo.

101. La PRIMERA es: Creo en el Espíritu Santo "SEÑOR". Porque aun cuando existen otros espíritus, a saber, los ángeles, éstos son, sin embargo, servidores de Dios, conforme a las palabras de la Escritura: Los ángeles son todos espíritus destinados a servir (Hebr. 1, 14); en cambio el Espíritu Santo es SEÑOR. En efecto, Jesús dijo a la samaritana: El Espíritu es Dios (Jo. 4, 24), y el Apóstol: El Espíritu es Señor (2 Cor. 3, 17); por lo que San Pablo agrega que donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (cf. 2 Cor. 3, 17). Y la razón de ello es que nos hace amar a Dios, y quita de nuestro corazón el amor del mundo.

17/6/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 7


Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.


89. Al oficio de los reyes y señores corresponde el poder de juzgar. Dice en efecto la Escritura: El rey, sentado en el trono de justicia, disipa todo mal con su mirada (Prov. 20, 8). Ahora bien, Cristo subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios como Señor de todos, de donde es evidente que le compete el poder de juzgar. Por eso en la regla de la fe católica confesamos que "ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos".

Eso mismo dijeron también los ángeles en el momento de la ascensión: Este Jesús, que separándose de vosotros ha sido llevado al cielo, vendrá de la misma manera como lo visteis ir allí (Act. 1, 11).

90. Debemos considerar TRES cosas a propósito de este juicio. PRIMERO, su forma; SEGUNDO, el temor que debe inspirarnos; TERCERO, el modo como para él nos debemos preparar.

A) Tres cosas concurren a la FORMA de un juicio, a saber, el juez, los que han de ser juzgados y la materia que se juzga.

91. En este juicio Cristo es el Juez. Es Él -dice San Pedro- quien ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos (Act. 10, 42), ya entendamos por muertos a los pecadores, y por vivos a los justos; ya entendamos literalmente por vivos a aquellos que vivirán en el momento del juicio, y por muertos a todos cuantos para aquel entonces estén muertos.

Cristo es juez no sólo en cuanto Dios, sino también en cuanto hombre. Y esto por TRES motivos.

PRIMERO, porque es necesario que los que han de ser juzgados vean a su juez. Ahora bien, tan deleitable es la divinidad que nadie puede verla sin gozo; ningún condenado podrá entonces verla, porque en ese caso gozaría. Por consiguiente, para que nuestro juez sea visto por todos, es necesario que aparezca bajo la forma hombre. Hablando de sí dijo Jesús a los judíos: El Padre ha dado al Hijo el poder para juzgar, porque es el Hijo del hombre (Jo. 5, 27).    

SEGUNDO, porque en cuanto hombre mereció tal oficio. En efecto, en cuanto hombre fue injustamente juzgado, y por eso Dios lo ha hecho juez de todo el mundo. Tu casa -leemos en el Libro de Job- ha sido juzgada como la de un impío: recibirás la culpa y la pena (Job. 36, 17).

TERCERO, para que, siendo juzgados por un hombre, los hombres no caigan en la desesperación. Porque si sólo Dios fuese el juez, los hombres, aterrados, se desesperarían. Por eso dijo Jesús: Verán al Hijo del Hombre viniendo en la nube (Lc. 21, 27). Y vendrá a juzgar a todos los que son, fueron y serán. Todos -dice el Apóstol- hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba el pago debido a las buenas o a las malas acciones que haya hecho mientras estuvo revestido de su cuerpo (2 Cor. 5, 10).

2/6/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 6


Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso.


85. No sólo hay que creer en la resurrección de Cristo sino también en su ascensión, gracias a la cual subió al cielo a los cuarentas días. Y por eso se dice en el Credo: "Subió a los cielos". 

En lo que toca a este misterio, hay que tener en cuenta TRES aspectos: su sublimidad, su conveniencia racional, su utilidad.

A) La ascensión fue, de veras, SUBLIME, porque Cristo ascendió a los cielos. Y ello se entiende de un TRIPLE sentido.

PRIMERO, subió por encima de todos los cielos materiales. En efecto, dice el Apóstol a los Efesios: Subió más allá de todos los cielos (4, 10). Cristo fue el primero en realizar tal cosa. Porque antes el cuerpo terreno no existía sino en la tierra, tanto que incluso Adán estuvo en un paraíso terrenal.

SEGUNDO, subió por encima de todos los cielos espirituales, es decir, por sobre todas las naturalezas espirituales, como escribe San Pablo a los Efesios: El Padre hizo que Jesús se sentara a su diestra en los cielos, por sobre todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación, y por sobre todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el futuro; y puso todas las cosas bajo sus pies (1, 20).

TERCERO, subió hasta el trono del Padre. En efecto, de Él dice Daniel: He aquí que sobre las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre, y llegó hasta el Anciano de días (Dan. 7, 13). Y en San Marcos leemos: El Señor Jesús, después de haberles hablado, fue elevado al cielo y está sentado a la diestra de Dios (16, 19).

86. Cuando se habla de "la diestra de Dios", esta expresión no debe entenderse de una manera corporal, sino en un sentido metafórico. Porque si la expresión "está sentado a la diestra del Padre" se entiende de Cristo en cuanto que es Dios, lo que se quiere afirmar es su igualdad con el Padre; si, en cambio, se entiende de Él en cuanto hombre, se quiere decir que goza de los bienes más eximios. Tal es la excelencia que ambicionó el diablo: Escalaré el cielo, sobre los astros de Dios levantaré mi trono; me sentaré en el monte de la alianza, hacia el septentrión; sobrepujaré la altura de las nubes, semejante seré al Altísimo (Is. 14, 13). Vano intento que sólo alcanzó Cristo, por lo cual se dice en el Credo: "Subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre". Leemos en el Salterio: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra (Ps. 109,1). 


27/5/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 5


Descendió a los infiernos, y al tercer día resucitó de entre los muertos.


66. Como ya dijimos, la muerte de Cristo consistió en la separación del alma y del cuerpo, como en los demás hombres; pero la Divinidad estaba indisolublemente unida a Cristo hombre, que aun cuando el alma y el cuerpo se separaron entre sí, la Divinidad misma estuvo siempre perfectísimamente unida al alma y al cuerpo. Por eso el Hijo de Dios estuvo en el sepulcro con su cuerpo y descendió a los infiernos con su alma. 

67. Son CUATRO las razones por las que Cristo descendió a los infiernos con su alma.

La PRIMERA, para soportar toda la pena del pecado, expiando así toda la culpa. Porque la pena del pecado del hombre no consistía sólo en la muerte del cuerpo, sino también en el sufrimiento del alma. Porque el pecado afectaba también el alma, y consiguientemente debía ser ésta castigada con la privación de la visión divina. Para abolir esta pena aún no se había dado satisfacción. Y por eso, antes de la venida de Cristo, todos, incluso los santos Padres, descendían al infierno después de su muerte. Así es que para soportar toda la pena debida a los pecadores, Cristo quiso no sólo morir, sino también descender con su alma a los infiernos. Como dice el Salmo: Me cuentan entre los que descienden al abismo: soy como un hombre desamparado, libre entre los muertos (Ps. 87, 4-5). Pues los demás estaban allí como esclavos, pero Cristo como libre. 

68. La SEGUNDA razón: para socorrer perfectamente a todos sus amigos. Porque Cristo tenía amigos no sólo en el mundo sino también en los infiernos. Pues alguien es amigo de Cristo en la medida en que tiene caridad, y en el infierno moraban muchos que habían muerto con la caridad y la fe en Cristo que había de venir, como Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David y otros hombres justos y perfectos. Y así como Cristo había visitado a los suyos en el mundo y los había socorrido con su muerte, quiso también visitar a los suyos que estaban en los infiernos y ayudarlos descendiendo hasta donde ellos estaban. Penetraré todas las profundidades de la tierra, visitaré a todos los que duermen, e iluminaré a todos los que esperan en el Señor (Eccli. 24, 45). 

5/5/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 4


Padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado.


51. Así como el cristiano debe creer en la Encarnación del Hijo de Dios, así también debe creer en su Pasión y en su Muerte, porque, como dice San Gregorio: "De nada nos aprovecharía el haber nacido, si no hubiésemos sido redimidos".

El que Cristo haya muerto por nosotros es algo tan elevado que apenas nuestra inteligencia lo puede captar; más aún, ni siquiera se nos hubiese ocurrido. Esto es lo que dijo un profeta y recuerda el Apóstol: En vuestros días Yo voy a realizar una obra, una obra que no creeríais si os la contara (Act. 13, 41). Y también Habacuc: En vuestros días se cumplirá una obra que nadie la creerá cuando se narre (1, 5). Pues la gracia de Dios y su amor por nosotros son tan grandes, que lo que Dios hizo por nosotros supera lo que podemos entender.

52. Sin embargo, no debemos creer que Cristo haya sufrido la muerte de tal modo que muriera su Divinidad; lo que en Él murió fue la humana naturaleza. Pues no murió en cuanto Dios, sino en cuanto hombre. Demos TRES ejemplos para esclarecer esta verdad.

El PRIMERO de ellos lo podemos sacar de nosotros mismos. Cuando un hombre muere, al separarse el alma del cuerpo no muere el alma sino el mismo cuerpo, o sea, la carne. Así también en la muerte de Cristo no muere la Divinidad sino la naturaleza humana.

53. Pero se podría objetar: si los judíos no mataron a la Divinidad, parece que no hubieran pecado más que si hubiesen matado a cualquier otro hombre.

A esto podemos responder con un ejemplo: supongamos a un rey ataviado con un lujoso vestido; si alguien manchase aquel vestido, incurriría en la misma falta que si hubiese manchado al rey en persona. De la misma manera los judíos no pudieron matar a Dios, pero al matar la naturaleza humana asumida por Cristo, fueron castigados tan severamente como si hubiesen matado a la misma Divinidad.

Además, como dijimos arriba, el Hijo de Dios es el Verbo de Dios, y se puede comparar al Verbo de Dios hecho carne con el verbo (palabra) de un rey escrito sobre un papel. Pues bien, si alguien rompiese el papel donde está escrita la palabra del rey, cometería una falta tan grave como si rompiese la palabra del rey. Por lo mismo se considera el pecado de los judíos de igual manera que si hubiesen matado al Verbo de Dios. 

28/4/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 3


Que fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen.


38. El cristiano debe creer en el Hijo de Dios, como acabamos de mostrarlo. Pero ello no basta: también es menester que crea en su Encarnación. Por lo cual San Juan, después de haber dicho muchas cosas muy difíciles y elevadas sobre el Verbo, nos habla enseguida de su Encarnación cuando dice: Y el Verbo se hizo carne (1, 14).

Y para que podamos entender algo de este misterio, propondré dos ejemplos.

Es indudable que nada es tan parecido al Hijo de Dios como el verbo que nuestra inteligencia concibe sin proferirlo por los labios. Ahora bien, nadie conoce al verbo mientras permanece en la inteligencia del hombre si no es aquél que lo concibe; pero en el momento en que nuestra lengua lo profiere es conocido por los que lo oyen. Así el Verbo de Dios, mientras permanecía en la mente del Padre, era conocido solamente de su Padre; pero una vez que se revistió de carne, como el verbo del hombre se reviste con el sonido de la voz, entonces por vez primera se manifestó y fue conocido, según dice Baruc: Después se dejó ver en la tierra y convivió con los hombres (3, 38). 

He aquí el segundo ejemplo. Conocemos por el oído el verbo proferido por la voz, y sin embargo no lo vemos ni tocamos; pero si lo escribimos sobre un papel, entonces podemos verlo y tocarlo. Así el Verbo de Dios se hizo visible y tangible cuando fue como escrito en nuestra carne; y así como al papel en el que está escrito el verbo del rey se lo llama verbo del rey, así también el hombre al cual se unió el Verbo de Dios en una sola persona se llama Hijo de Dios. Recordemos las palabras del Señor a Isaías: Toma un pergamino grande, y escribe en él con pluma de hombre (Is. 8, 1). Por eso los santos Apóstoles pusieron en el Credo: "Que fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen". 

39. En relación con esta doctrina muchos son los que erraron. Por lo cual los Santos Padres, en otro Símbolo, en el Concilio de Nicea, añadieron numerosas precisiones, en virtud de las cuales todos esos errores están ahora destruidos.

14/4/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 2


Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.


28. No sólo les es necesario a los cristianos creer en un solo Dios, y en que Él es el creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas, sino que también les es necesario creer que este Dios es Padre y que Cristo es verdadero Hijo de Dios. 

Lo cual, como dice San Pedro, no es una fábula, sino algo cierto y probado por la palabra de Dios en la montaña: Os hemos hecho conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad. Porque recibió de Dios Padre honor y gloria cuando de la magnífica gloria descendió una voz que decía: Éste es mi Hijo amado en quien estoy complaciéndome, escuchadle. Nosotros mismos oímos esta voz venida del cielo, estando con Él en el monte santo (2 Pe. 1, 16-18).

El mismo Cristo Jesús en muchas ocasiones llama también a Dios Padre suyo y se dice Hijo de Dios. Por eso los Apóstoles y los Santos Padres pusieron entre los artículos de fe que Cristo es Hijo de Dios, al decir: "Y en Jesucristo su Hijo", es decir, el Hijo de Dios.

29. Sin embargo, hubo algunos herejes que entendieron esto de manera errónea.

En efecto, Fotino dice que Cristo es Hijo de Dios exactamente como lo son los hombres virtuosos que, por vivir honestamente y por cumplir la voluntad de Dios, merecen ser llamados hijos de Dios por adopción. De la misma manera Cristo, dice, cuya vida fue virtuosa y conforme a la voluntad de Dios, mereció ser llamado hijo de Dios; y también afirmó que Cristo no existió antes de la Santísima Virgen, sino que comenzó a existir cuando ella lo concibió en su seno.

Y así erró DOBLEMENTE. PRIMERO, por no proclamar que Cristo es verdadero Hijo de Dios según la naturaleza; SEGUNDO, por decir que Cristo, según todo su ser, comenzó a existir en el tiempo; mientras que nuestra fe afirma que Cristo es Hijo de Dios por naturaleza y lo es ab aeterno, conforme a testimonios expresos de la Sagrada Escritura.

En efecto, CONTRA EL PRIMER ERROR dice la Escritura no sólo que Cristo es Hijo de Dios, sino también que es Hijo único. El Hijo único de Dios, que está en el seno del Padre, Él mismo ha revelado a Dios, dice San Juan (1, 18). Y CONTRA EL SEGUNDO ERROR el mismo Cristo ha afirmado: En verdad, en verdad os digo, antes que Abraham fuese, Yo soy (Jo. 8, 58). Ahora bien, es claro que Abraham existió antes que la Santísima Virgen. Por eso los Santos Padres, en otro Símbolo, contra el PRIMER ERROR, agregaron a las palabras: "Creo en Jesucristo" estas otras: "Su único Hijo"; y contra el SEGUNDO ERROR: "Nacido del Padre antes de todos los siglos".

7/4/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 1


Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.


10. La primera verdad que todos los fieles deben creer es que existe un solo Dios. Debemos, pues, considerar qué significa esta palabra: "Dios", que no es otra cosa que Aquel que gobierna y provee a todas las cosas. Por lo tanto, creer que Dios existe es creer que Él gobierna todas las cosas de este mundo y provee a su bien.

Al contrario, creer que todo sucede al azar, es no creer en la existencia de Dios. Sin embargo nadie hay tan insensato que no crea que los seres de la naturaleza son gobernados, ordenados y sometidos a una providencia, ya que se suceden según un orden determinado y según el ritmo de los tiempos.  Vemos, en efecto, cómo el sol, la luna, las estrellas y todos los otros seres de la naturaleza guardan un curso determinado, lo cual no sucedería si dependiesen del azar. En consecuencia si hubiere alguien que no creyere en la existencia de Dios, ese tal sería un insensato. Dice el Salmista: Dijo el necio en su corazón: no  existe Dios (Ps. 13, 1).

11. Sin embargo hay algunos que aún cuando creen que Dios gobierna y dispones las cosas naturales, niegan la acción de la Providencia de Dios sobre los actos  humanos, es decir, no creen que los actos humanos están gobernados por Dios. Aducen como razón el hecho de ver cómo en este mundo los buenos sufren y los malos prosperan, de donde pareciera que no hay providencia divina respecto de los hombres; por lo cual hablando en nombre de ellos se dice en el Libro de Job: Dios esta escondido allá entre las nubes, y se desinteresa de nuestros asuntos (22, 14).

Los que así piensan son muy estúpidos. Pues a ellos les ocurre como si algún ignorante en medicina viere al médico recetar a un enfermo agua, a otro vino, conforme lo piden las reglas de la medicina, y creyere, en su ignorancia, que eso lo hace el médico al acaso y no por un justo motivo.

31/3/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - PRÓLOGO


1. Lo primero que es necesario al cristiano es la fe, sin la cual nadie merece ser llamado cristiano fiel. Pues bien, la fe aporta CUATRO BIENES.

El PRIMERO es que por la fe el alma se une a Dios. En efecto, por la fe el alma cristiana contrae una especie de matrimonio con Dios, conforme a estas palabras del Señor a Israel: te desposaré conmigo en la fe (Os. 2, 20). Y por eso cuando el hombre es bautizado, primero confiesa su fe, al responder a la pregunta: "¿Crees en Dios?", porque el bautismo es el primer sacramento de la fe. Lo dice el mismo Señor: El que creyere y fuera bautizado, se salvará ( Mc. 16, 16). Porque sin la fe el bautismo es inútil. Más aún, hay que saber que sin la fe nadie es aceptado a Dios, como lo enseña San Pablo: Sin fe es imposible agradar a Dios (Hebr. 11, 6). Por esta razón San Agustín, comentando aquel texto de Romanos 14, 23: Todo lo que no procede de la fe es pecado, escribe: "Donde falte el conocimiento de la eterna e inmutable verdad falsa es la virtud aún con las mejores costumbres".