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1/6/14

ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


“Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la ‘Casa del Padre’, a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, ‘ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino’.”

“Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. Él está ‘por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación’ porque el Padre ‘bajo sus pies sometió todas las cosas’. Cristo es el Señor del cosmos y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación, su cumplimiento trascendente.”

(Catecismo de la Iglesia Católica)

“De la fiesta de la Ascensión a Pentecostés, los fieles, a ejemplo de los Apóstoles, han de prepararse a recibir el Espíritu Santo con el retiro, con recogimiento interior y con perseverante y fervorosa oración.”

(Catecismo mayor de San Pío X)

20/4/14

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN


Ofrezcan los cristianos 
ofrendas de alabanza, 
a gloria de la Víctima 
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva, 
a Dios y los culpables, 
unió con nueva Alianza. 

Lucharon Vida y muerte, 
en singular batalla, 
y, muerto El que es la Vida, 
triunfante se levanta. 

“¿Qué has visto de camino, 
María, en la mañana?” 
“A mi Señor glorioso, 
la tumba abandonada…

Los ángeles testigos, 
sudarios y mortaja. 
¡Resucitó de veras 
mi amor y mi esperanza! 

Venid a Galilea, 
allí el Señor aguarda: 
allí veréis los suyos, 
la gloria de la Pascua.” 

Primicia de los muertos, 
sabemos por tu Gracia, 
que estás Resucitado, 
la muerte en Ti no manda. 

Rey Vencedor, apiádate 
de la miseria humana, 
y da a tus fieles parte, 
en tu Victoria Santa. 

Amén.

14/4/14

EL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO - ARTÍCULO 2


Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.


28. No sólo les es necesario a los cristianos creer en un solo Dios, y en que Él es el creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas, sino que también les es necesario creer que este Dios es Padre y que Cristo es verdadero Hijo de Dios

Lo cual, como dice San Pedro, no es una fábula, sino algo cierto y probado por la palabra de Dios en la montaña: Os hemos hecho conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad. Porque recibió de Dios Padre honor y gloria cuando de la magnífica gloria descendió una voz que decía: Éste es mi Hijo amado en quien estoy complaciéndome, escuchadle. Nosotros mismos oímos esta voz venida del cielo, estando con Él en el monte santo (2 Pe. 1, 16-18).

El mismo Cristo Jesús en muchas ocasiones llama también a Dios Padre suyo y se dice Hijo de Dios. Por eso los Apóstoles y los Santos Padres pusieron entre los artículos de fe que Cristo es Hijo de Dios, al decir: "Y en Jesucristo su Hijo", es decir, el Hijo de Dios.

29. Sin embargo, hubo algunos herejes que entendieron esto de manera errónea.

En efecto, Fotino dice que Cristo es Hijo de Dios exactamente como lo son los hombres virtuosos que, por vivir honestamente y por cumplir la voluntad de Dios, merecen ser llamados hijos de Dios por adopción. De la misma manera Cristo, dice, cuya vida fue virtuosa y conforme a la voluntad de Dios, mereció ser llamado hijo de Dios; y también afirmó que Cristo no existió antes de la Santísima Virgen, sino que comenzó a existir cuando ella lo concibió en su seno.

Y así erró DOBLEMENTE. PRIMERO, por no proclamar que Cristo es verdadero Hijo de Dios según la naturaleza; SEGUNDO, por decir que Cristo, según todo su ser, comenzó a existir en el tiempo; mientras que nuestra fe afirma que Cristo es Hijo de Dios por naturaleza y lo es ab aeterno, conforme a testimonios expresos de la Sagrada Escritura.

En efecto, CONTRA EL PRIMER ERROR dice la Escritura no sólo que Cristo es Hijo de Dios, sino también que es Hijo único. El Hijo único de Dios, que está en el seno del Padre, Él mismo ha revelado a Dios, dice San Juan (1, 18). Y CONTRA EL SEGUNDO ERROR el mismo Cristo ha afirmado: En verdad, en verdad os digo, antes que Abraham fuese, Yo soy (Jo. 8, 58). Ahora bien, es claro que Abraham existió antes que la Santísima Virgen. Por eso los Santos Padres, en otro Símbolo, contra el PRIMER ERROR, agregaron a las palabras: "Creo en Jesucristo" estas otras: "Su único Hijo"; y contra el SEGUNDO ERROR: "Nacido del Padre antes de todos los siglos".

25/3/14

SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN Y DÍA DEL NIÑO POR NACER


Nueve meses exactos antes de la celebración de la Navidad, la Iglesia dedica en su calendario el día 25 de marzo a la contemplación del misterio de la Encarnación del Señor. En efecto, Aquel que nacerá más tarde en el pobre portal de Belén, este día comienza a formarse en el seno materno y virginal de la que con razón será llamada Madre de Dios, pues es Dios mismo, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, vale decir, el Hijo, quien asume en sus purísimas entrañas la humana naturaleza que, desde el momento del anuncio del ángel, queda así unida hipostáticamente (en la misma y única Persona o Hipóstasis) al Verbo de Dios. De este modo, nos es dado en medio de la Cuaresma vivir algo de la alegría propia del tiempo navideño, al celebrar en un mismo día la gloria y la humildad del Hijo y de la Madre. 

Por otra parte, la realidad del misterio que se celebra connota una referencia a esa fase del desarrollo de toda vida individual, cual es la que se lleva a cabo dentro del claustro materno; motivo por el cual en muchos países, incluso a través de la sanción de leyes civiles, se ha establecido el día de la fecha como “Día del Niño por nacer”, respondiendo de esta forma a la amenaza del aborto, que se cierne de un modo especial en la actualidad sobre los nascituri. El beato papa Juan Pablo II, quien firmó precisamente en un día como hoy del año 1995 su encíclica sobre la defensa de la vida, Evangelium vitae, señala esta conexión misteriosa cuando dice que “la Navidad pone también de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano, y la alegría mesiánica constituye así el fundamento y realización de la alegría por cada niño que nace” (Evangelium vitae, n. 1). 

A este respecto, es interesante considerar el inicio de la vida humana a la luz de las verdades de la fe, ya que, si bien es cierto que ya desde un punto de vista meramente natural la vida humana está dotada de un valor y dignidad únicos en el universo creado, esta grandeza se ve realzada si se la refiere al misterio de la redención. Es así que dice el beato Papa: “Es precisamente en esa « vida [sobrenatural] » donde encuentran pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida del hombre (…) Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal. En efecto, la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Un proceso que, inesperada e inmerecidamente, es iluminado por la promesa y renovado por el don de la vida divina, que alcanzará su plena realización en la eternidad.” (Ibid., nn.1-2) 

A partir de los supuestos precedentes, se puede percibir con más claridad el verdadero horror entrañado en la práctica del aborto, a la que el Concilio Vaticano II, en sintonía con toda la Tradición del Iglesia, había calificado de “crimen abominable” (Gaudium et spes, n. 51). Juan Pablo II, por su parte, nos ha querido brindar, hacia la mitad del histórico documento, una síntesis precisa de la secular doctrina católica, en términos tan categóricos que reflejen fielmente la inmutabilidad de la verdad sobre el bien moral: “Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores”, dice el Santo Padre, “en comunión con todos los Obispos (…), declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.” (Evangelium vitae, n. 62) .

Es importante indicar, como lo hace el Papa en el texto citado, que la enseñanza moral de la Iglesia en torno al aborto pertenece de suyo al orden natural, y es asequible, por tanto, a la recta razón de todo hombre de buena voluntad; en este sentido, no constituye propiamente una doctrina “religiosa”. De ahí que sea responsabilidad de todo Estado, confesional o no, el velar por el respeto del derecho fundamental a la vida, y sancionar con severidad la comisión de este crimen. 

A propósito de ello, señala el Papa reiteradamente la paradoja de que asistamos a la proliferación de la prácticas abortistas, amparadas en muchos casos por las legislaciones nacionales, en una época que se destaca precisamente por la presunta promoción de los derechos humanos y la adopción casi invariable de regímenes democráticos de gobierno. La explicación de esta contradicción se halla, sin embargo, en el relativismo moral. En efecto, “no falta quien considera este relativismo como una condición de la democracia, ya que sólo él garantizaría la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría, mientras que las normas morales, consideradas objetivas y vinculantes, llevarían al autoritarismo y a la intolerancia” (Ibid., n. 70). El resultado de todo ello no es otro que el de una tiranía ejercida en nombre del pluralismo, una de cuyas manifestaciones es la actual “cultura de la muerte”, cristalizada en verdaderas y auténticas “estructuras de pecado” (cfr. ibid., n. 14), que constituyen una amenaza sistemática para el ejercicio del derecho a la vida (cfr. ibid., n. 17), y que por lo mismo deben ser resistidas por todo fiel católico y por todo hombre de buena voluntad.

12/1/14

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR



“(…) en el nombre de CRISTO está sobrentendido EL QUE HA UNGIDO, EL QUE HA SIDO UNGIDO, y LA UNCIÓN MISMA con la que ha sido ungido: El que ha ungido es el PADRE, El que ha sido ungido es el HIJO, y lo ha sido en el ESPÍRITU, que es la Unción”. 


San Ireneo de Lyón, Obispo, Mártir y Padre de la Iglesia

24/12/13

BREVE REFLEXIÓN SOBRE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


A las puertas de la celebración de un nuevo aniversario del nacimiento de Cristo, es oportuno reflexionar sobre la grandeza, nunca del todo agotada, del acontecimiento celebrado. Son conocidas las investigaciones actualizadas de la ciencia histórica, según las cuales la cronología que se remonta al monje Dionisio el Exiguo adolece de una inexactitud de entre unos 6 y 8 años; de manera que habría que ubicar el nacimiento del Salvador, no en el año 753 de la fundación de Roma, sino entre el 745-747 de la misma. Todo lo cual no hace más que confirmar, precisándola, la historicidad del acontecimiento fundamental de nuestra redención. 

Dicho carácter histórico, esencial a todos los misterios de la fe cristiana, se halla necesariamente en la base de toda consideración teológica y espiritual auténtica, contrariamente a lo insinuado desde hace ya varios años por las especulaciones de inspiración modernista que desvinculan a la fe de la historia. Aún así, estamos ante algo que trasciende lo meramente histórico-inmanente; se trata, en cambio, de algo histórico-trascendente; misterioso y salvífico, en definitiva, sobre cuyo significado es necesario volver una y otra vez.

24/11/13

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO


"… si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos ...”.

Carta Encíclica "Quas Primas”, del Sumo Pontífice Pío XI.

Invitamos a todos nuestros amigos a leer y reflexionar..., a orar, y a actuar... (VER)

¡VIVA CRISTO REY!

4/7/13

EL DIOS VERDADERO Y LA IDOLATRÍA


¡Sed adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia! La idolatría es una tentación constante del hombre. Desgraciadamente hay gente que busca la solución de los problemas en prácticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del éxito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energía cósmica, o de otras maneras no concordes con la doctrina católica.


¡Jóvenes, no creáis en falaces ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual. Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicación.

La adoración del Dios verdadero constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. Adorad a Cristo: Él es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana.

S.S. Beato Juan Pablo II. Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud en agosto de 2005, en Colonia, Alemania.