9/7/15

UN DESAFORTUNADO “HOMENAJE”














Nuestros ojos no acaban de dar crédito a lo que ven en el momento en que la imagen que acompaña estas líneas se hace presente. Sobra, desde luego, cualquier aclaración al respecto, pero lo insólito e inaudito del desafortunado encuentro justifica la confirmación de que efectivamente nos hallamos ante un gesto de lo más descarado y atrevido: el presidente boliviano Evo Morales obsequiando al Papa Francisco, en homenaje a su visita, un crucifijo cuyo madero forma a la vez la figura de la hoz y el martillo, inconfundible signo del comunismo, estampado otrora en amarillo sobre el fondo rojo de la bandera de la ya perecida Unión Soviética.





Nadie ignora la realidad de que, especialmente desde mediados del siglo XX, se multiplicaron por doquier las lamentables tentativas de amalgamar catolicismo y socialismo, cruz y martillo (con su respectiva hoz, como en el presente caso); en definitiva, Cristo y Belial, pues nadie puede dudar de que conservan aún plena vigencia las palabras de Pío XI en su encíclica Divini Redemptoris, en la que califica de una vez para siempre al comunismo ateo como “intrínsecamente perverso” (n. 60), enemigo declarado del Evangelio si los hay en estos tiempos modernos, pese a los sutiles disfraces de que se ha revestido últimamente. Con todo, lo que resulta especialmente llamativo aquí es la osadía que supone el obsequiar nada menos que a un Sumo Pontífice con tan deleznable invento. Lo cual no hace más que confirmar la vulgaridad del personaje en cuestión, tan sobradamente conocida como su ignorancia, no por eso menos peligrosa y alarmante.





El gesto atónito que se manifiesta en el rostro del Santo Padre basta por sí solo para desacreditar la desatinada iniciativa, además de las palabras que se le oye decir: “eso no está bien…”. No es este el espacio ni somos nosotros los encargados de juzgar con autoridad lo que correspondía hacer al Papa Francisco en situación tan inopinada; pero sí es preciso salir al cruce de los errores y la confusión que pueden engendrar “homenajes” tan fuera de lugar. En efecto, seguimos sin ver, y vale pena insistir en ello, cuáles son los lazos que unen a la religión cristiana con la nefasta ideología que precisamente buscó por todos los medios, desde el momento de su nacimiento, la aniquilación sistemática de la idea misma de Dios, como es fácil constatar a partir de los textos de sus fundadores y, lo que es más, de la experiencia histórica del siglo XX.









La realidad es que, con todo lo que tiene de descarado y chocante, el gesto de Evo Morales nos recuerda que la amenaza denunciada por los Pontífices de los siglos pasados nada tiene de falsa alarma ni ha perdido un ápice de actualidad. Basta observar, en este sentido, el accionar de los gobiernos socialistas en todo el mundo, para reconocer inmediatamente un agenda común, tristemente llevada a cabo también en nuestra patria: matrimonio homosexual, ideología de género, aborto, por traer a colación solo los ejemplos más evidentes. De ahí la importancia del testimonio cristiano lúcido y valiente, que en esta fiesta patria debe también teñirse de celeste y blanco, bajo el amparo de la Virgen Santísima.

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