18/9/14

OTRO ESCÁNDALO EN LA IGLESIA ARGENTINA


Un suceso que durante los últimos días ha alborotado lamentablemente el ambiente eclesial argentino, merece aunque más no sean unas breves líneas de nuestra parte. Pues aunque los medios católicos, no solo de nuestro país, sino incluso internacionales, se hayan hecho eco del triste suceso, quizá sea conveniente multiplicar los clamores en ausencia de reacciones más autorizadas que hubiesen sido de esperar. Nos referimos a lo acaecido la noche del sábado pasado en la ciudad de Santiago del Estero, cuando el P. Sergio Lamberti, de la parroquia del Espíritu Santo, protagonizó una escandalosa farsa junto a una pareja formada por un hombre y un transexual. Se aseguró que no se trataba de un matrimonio, sino de una “celebración del amor de Dios entre los hermanos”, como si la abyecta inmoralidad del acto no suscitara más reparo que el reconocimiento de un impedimento matrimonial cualquiera. Desde luego que, aunque aquel hubiera sido el designio (no se sabe cuál fue, por otra parte), la invalidez más absoluta afectaría al acto en cuestión; pero no es ese el problema aquí, sino el del valor del gesto, que constituye una nueva negación práctica de una clara enseñanza de la Iglesia y del Evangelio, con todo lo que ello tiene de capitulación ante la perversa ideología de moda, para confusión y escándalo de todos los fieles católicos.


Ya hace tiempo que sobra precisar que aquí no cuentan las personas individuales, con sus conflictos, trastornos y situaciones particulares, ciertamente dignas de compasión, aunque no por ello menos reprochables moralmente. El transexualismo, en efecto, así como la homosexualidad en cuanto conducta deliberada, suponen actos intrínsecamente contrarios a la ley moral natural, que de ninguna manera pueden justificarse, y tienen (con toda probabilidad) su origen en un trastorno psíquico, sea lo que fuere de la decisión político-ideológica de la OMS de “actualizar” su lista de enfermedades. Justamente decisiones como estas a nivel internacional ponen de manifiesto que de lo que se trata aquí es de imponer un nuevo paradigma de hombre, cuando parece que lo que se busca es velar “humanitariamente” por la situación de una minoría. Poco importan los individuos, reducidos así a meros instrumentos al servicio de la creación de un nuevo orden mundial. Parece más que una simple casualidad, en este sentido, que Luisa Lucía Paz, quien ofició de “novia” en la celebración de marras, fuera una de las personas a las que la presidenta Fernández de Kirchner entregó su nuevo DNI, haciendo constar su cambio de sexo, cuando la sanción de la ley de identidad de género, en el 2012.

Sin embargo, lo más grave de todo esto es, insistimos, la colaboración de la Iglesia en la construcción del aparato de la revolución, expresa en algunos, tácita en otros, sobre todo por el silencio y la omisión. Concretamente, nos referimos a la débil reacción del obispado de Santiago del Estero, que se limita a confirmar la doctrina católica sobre el matrimonio, sin emitir reprobación ni condenación alguna hacia el gesto del sacerdote en cuestión. Nuestro pobre amor a Cristo y a la Iglesia ha querido esbozar una tibia respuesta ante esta confusión, por lo cual invitamos a suscribir a una carta al Obispo diocesano, al presidente de la CEA y al Nuncio Apostólico; puede hacerlo presionando (AQUÍ).

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