23/10/16

"¡AVANTI RAGAZZI DI BUDA! ... ¡AVANTI RAGAZZI DI PEST!"


Hoy, 23 de octubre, se conmemora en toda Hungría el 60 aniversario de la insurrección de 1.956, la que se ha dado en llamar "La Revolución Húngara". El festejo nacional se impuso recién 1.989, cuando se constituyó la Tercera República Húngara, debido a que durante la dominación soviética no sólo tenían prohibido festejarla, sino incluso estudiarla y debatirla públicamente.

Lo primero que se nos viene a la cabeza cuando recordamos estos acontecimientos, es que realmente en 1.956 los húngaros se plantaron. Y lo hicieron sin importarles las consecuencias, enfrentándose heroicamente no sólo al imperialismo soviético, sino a los imperialismos. Se plantaron contra lo acordado en Yalta por Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética, contrariando la división del mundo efectuada por dichas potencias imperialistas. Y ello porque anhelaban una patria soberana.

Pareciera que plantarse está en el ADN de los magiares, ya que hoy también se plantan al Nuevo Orden Mundial. La Hungría de Orbán es un oasis en medio del desierto que es Europa. Contra el globalismo imperante en el viejo continente, los húngaros han reafirmado su identidad, y a ello le han dado rango constitucional, ya que mediante la reforma de su carta magna de 2011 han incorporado sus raíces cristianas y la defensa de la familia tradicional y de la vida humana desde la concepción.

"Nosotros ... somos conscientes de nuestra responsabilidad frente al hombre y frente a Dios. Estamos orgullosos de que hace un milenio nuestro rey, San Esteban, nos hizo formar parte de la Cristiandad europea. Reconocemos el papel que el cristianismo ha jugado en la preservación de nuestra nación", reza el preámbulo de la Constitución de Hungría en una inequívoca toma de postura.

Es inimaginable algo parecido en algún otro país de la Europa occidental. En las "católicas" España, Francia o Italia ello sería una "herejía" contra el secularismo y el pluralismo adorados hoy en esas naciones, y ni que hablar en otros países europeos como Holanda y Bélgica. Pero contra la corriente, los húngaros se plantan y reafirman lo que son.

Por ello, y para despertar en nosotros, argentinos e hispanoamericanos, el sentimiento patriótico, el cual pareciera estar en la esencia del gran pueblo magiar, creemos que vale la pena recordar brevemente esta heroica rebelión ...

El 23 de octubre de 1956 todo comenzó como una revuelta estudiantil contra el gobierno de la República "Popular" de Hungría, títere del imperialismo soviético. Miles de jóvenes húngaros, sin importar sus procedencias ideológicas, se dirigieron al Parlamento para reclamar por las políticas impuestas desde Moscú. El móvil de estos muchachos era el patriotismo, el deseo de vivir en un país soberano.

De la marcha se desprendió una pequeña delegación con rumbo a la radio estatal con la intención de trasmitir un mensaje al pueblo húngaro. Sin embargo, al llegar a la radio fueron detenidos, hecho que provocaría el reclamo del resto de los manifestantes. Al acercarse una muchedumbre al lugar de la detención, desde dentro del edificio, la policía secreta húngara (AVH) abrió fuego sobre los jóvenes, quienes respondieron de la misma manera. A partir de ese momento, una legítima rebelión había estallado en Budapest.

A los estudiantes se les sumaron milicias de obreros, campesinos, comerciantes, profesionales, en fin, todo el pueblo húngaro levantado en armas, extendiéndose a todo el país la insurrección patriótica. Su estandarte fue la bandera húngara agujereada en el medio, producto del corte del escudo del régimen pro soviético que los rebeldes hacían a la enseña nacional, y el resultado fue el derrocamiento del gobierno de András Hegedüs, siendo sustituido por Imre Nagy.

El nuevo gobierno inmediatamente disolvió la AVH, liberó a los presos políticos y declaró su intención de retirarse del Pacto de Varsovia. Para fines de octubre, los combates prácticamente habían cesado y comenzó a percibirse una sensación de normalidad.

Pero ello no podía ser tolerado por los dueños del mundo. No podían permitir que una nación como Hungría tuviera el tupé de poner en jaque lo acordado en Yalta por Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. A caso, después de Yalta ¿Hubo algún otro país soberano aparte de los tres nombrados?

La respuesta es obviamente negativa, porque justamente ello fue el trofeo de guerra. Quién puede negar que el resultado de la Segunda Guerra Mundial impuso como únicos estados soberanos "en serio" a Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética. Creo que nadie ... ni siquiera Francia pudo sentarse a la mesa de la repartija, recordemos como Roosevelt "echó" a De Gaulle de Yalta. Efectivamente, tras la mentada conferencia sólo fueron realmente soberanas la Pérfida Albión y las dos naciones que representaban al capitalismo y al comunismo, ambos experimentos de dominio inventados por la primera.

Y por ello, el domingo 4 de noviembre a las 4:20 de la mañana, en Radio Kossuth se escuchaba: "Atención, atención Imré Nagy, Primer Ministro, se dirigirá al pueblo de Hungría. Habla el primer ministro Imré Nagy. Hoy, al amanecer, las tropas soviéticas atacaron nuestra capital con la intención evidente de derribar al gobierno legal democrático de Hungría. Nuestras tropas combaten. El gobierno está en su puesto. Notifico este hecho al pueblo de mi país y al mundo entero".

Pero el mundo entero nada hizo, y Hungría fue invadida por 31.550 soldados soviéticos acompañados por 1.130 tanques, ante la mirada pasiva de yanquis, piratas y sus "colonias", es decir el resto de los países occidentales.

El heroico pueblo húngaro hizo hasta donde pudo, defendiendo con sangre su independencia. Pero para el día 10 de noviembre la batalla estaba terminada. Finalmente fueron derrotados y sometidos por los soviéticos, tal cual lo acordado en Yalta por las potencias imperialistas. Pero ello no fue gratis, ya que ese mismo día el honor del mundo fue sepultado junto a los miles de cuerpos de los dignos hijos de Hungría.

         

Algunos años después de esta heroica gesta, militantes del Fronte della Gioventú de Italia compusieron una canción homenaje a todos aquellos jóvenes combatientes húngaros que en octubre de 1956 salieron a las calles para luchar por la liberación de su patria. "Avanti ragazzi di Budapest" como le pusieron de título, ha pasado a ser con el tiempo una de las canciones más versionadas del nacionalismo italiano, siendo entonada inclusive en varios estadios de fútbol, en especial cuando juega la Lazio. Todo un clásico con una letra difícilmente superable.

Avanti ragazzi di Budapest

Avanti ragazzi di Buda
avanti ragazzi di Pest.
Studenti, braccianti, operai,
il sole non sorge più ad Est.

Abbiamo vegliato una notte
la notte dei cento e piu mesi
sognando quei giorni d'ottobre,
quest'alba dei giovan'ungheresi.

Ricordo che avevi un moschetto
su portalo in piazza, ti aspetto,
nascosta tra i libri di scuola
anch'io portero una pistola.

Sei giorni e sei notti di gloria
duro questa nostra vittoria
ma al settimo sono arrivati
i russi con i carri armati.

I carri ci schiaccian le ossa,
nessuno ci viene in aiuto
il mondo e rimasto a guardare
sull'orlo della fossa seduto.

Ragazza non dirlo a mia madre
non dirle che muoio stasera
ma dille che sto su in montagna
e che tornero a primavera

Compagno il plotone già avanza
già cade il primo e il secondo
finita è la nostra battaglia
sepolto l’onore del mondo

Camerata riponi il fucile
torneranno a cantare le fonti,
quel giorno serrate le file
e noi scenderemo dai monti

Avanti ragazzi di Buda
avanti ragazzi di Pest.
Studenti, braccianti e operai
il sole non sorge più ad Est.

Adelante muchachos de Budapest

Adelante muchachos de Buda
Adelante muchachos de Pest.
Estudiantes, campesinos y obreros
el sol ya no saldrá más por el Este.

Vimos pasar la noche
la noche de cien o más meses
soñando con los días de octubre,
de este amanecer de la juventud húngara.

Recuerdo que tienes un fusil
para llevar a la plaza, te espero,
escondido entre los libros de la escuela
yo también llevare una pistola.

Seis días y seis noches de gloria
eso duró nuestra victoria
pero al séptimo día arribaron
los rusos con los carros armados.

Los tanques aplastaron nuestros huesos,
nadie vino en nuestro rescate
el mundo entero miraba 
sentado en el borde de nuestras tumbas.

Muchacha no le digas a mi madre
que yo moriré esta noche
mejor dile que iré a las montañas
y que volveré en la primavera.

Compañero el pelotón ya avanza
ha caído el primero y el segundo 
terminada está nuestra batalla
sepultado el honor del mundo.

Camaradas ocultarán sus armas
pero volverán y cantarán las marchas
y cuando las filas se cierren
nosotros volveremos de los montes.

Adelante muchachos de Buda
Adelante muchachos de Pest.
Estudiantes, campesinos y obreros
el sol ya no saldrá más por el Este.
Versión Original

Versión de Aurora

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